Por qué silbar de noche en el campo atrae presencias que no quieres conocer
Recuerdo aquella noche en que, por intentar ahuyentar el silencio inquietante, empecé a silbar sin pensar. La brisa nocturna se volvió más fría, y una sensación extraña me recorrió la espalda. No era solo el frío, sino una presencia que parecía haberse activado con mi propio sonido. Desde entonces, comprendí que por más que intentemos…
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